¿Por qué nadie ve cine mexicano?

Oaxaca Capital 15 October, 2016

Nunca se habían filmado tantas películas en México, pero, paradójicamente, tampoco se había consumido tan poco. Apoyándose fundamentalmente en incentivos del gobierno, la producción de cine mexicano tiene una saludable actividad, sin embargo la industria no crece debido a la carencia de consumo interno. Los mexicanos difícilmente quieren ver cine mexicano.

Con el aumento sustancial de plataformas digitales con una amplia oferta de contenidos, la competencia para la producción fílmica, no sólo en México sino en el mundo, se ha visto forzada a buscar nuevas maneras de volverse sustentable y generar oferta de calidad y competitiva, pero se sigue produciendo con una visión “global” que, en su ambición de abarcar la mayor cantidad de mercados posibles, termina por difuminarse y sin encontrar audiencia.

Lo que con frecuencia se ignora es que hay una enorme fragmentación de públicos, los mercados de nicho se imponen y por ende la oferta crece de manera exponencial. Tenemos una producción que es amplia en número, pero ¿qué hay de lo que presentan? En México, solo en el 2015, de acuerdo a datos del Anuario Estadístico editado por IMCINE, se produjeron 140 películas, pero muy pocas alcanzaron visibilidad fuera de muestras o festivales dentro del país, mucho menos distribución comercial.

Y aunque el consumo de cine es considerablemente mas alto en el Distrito Federal, la concentración y conglomeración, tanto de la producción como de la oferta y demanda cinematográfica, desaprovecha un vasto terreno de oportunidad para que la industria fílmica de México se active en distintos puntos del país. Existe una notoria carencia de trabajos producidos en casi toda la República, dado que un porcentaje considerable de las películas tienen lugar en la Ciudad de México, donde además hay una concentración de instituciones formadoras, casas productoras y otros servicios fílmicos.

Esta visión, centrada en las problemáticas, temáticas y personajes eminentemente capitalinos, limita el alcance de un alto porcentaje de películas hechas en México y reduce el impacto que se podría generar, cuando en México, de acuerdo a datos publicados por Canacine, ocupa el cuarto lugar a nivel mundial en asistencia al cine, pero a diferencia de otros mercados emergentes como China o India, México no consume producto local en las mismas cantidades, quizá por que quienes producen no están considerando a conciencia las necesidades de la audiencia, quienes son los principales beneficiarios.

Ante este claro desequilibrio entre producción y consumo, se han presentado iniciativas como la del Encuentro Regional para la Consolidación Cinematográfica (ERCC) que plantea una visión denominada glocal haciendo alusión a la generación de materiales que sean capaces de reflejar realidades cercanas e identificables, pudiendo atraer a nuevas audiencias de cada una de las regiones del país, generando de esa manera potencial para diversos mercados de nicho en el mundo.

De acuerdo a las organizadoras del Encuentro, Hipatia Argüero y Angélica Arévalo, la participación conjunta de organizaciones de la Sociedad Civil, los organismos que regulan y fomentan la cultura, así como las empresas socialmente responsables, es fundamental para generar un cambio positivo que apunte hacia una cultura de cinematografía sustentable que fomente esquemas sólidos de recuperación y ganancia.

El ERCC pretende fortalecer sus estrategias en la fase de desarrollo de proyectos nuevos para alcanzar la calidad o viabilidad necesaria que les permita encontrar mayores oportunidades de consolidación y financiamiento, ya sea a nivel local o a través de los apoyos existentes mediante la creación de alianzas entre creadores de proyectos cinematográficos locales y representantes del sector público y privado.

La industria cinematográfica tiene un crecimiento por encima de la economía nacional, siendo casi siete veces más dinámica que el conjunto de la actividad económica del país. De acuerdo a datos del Anuario Estadístico del IMCINE, en 2015 generó 2,630 puestos de trabajo ocupados y pagó 274 millones de pesos en remuneraciones.

Existe, por lo tanto, una importante área de oportunidad para que empresas del sector privado, de acuerdo a lo propuesto por Argüero y Arévalo, quienes comenzarán actividades en el Occidente del país, encuentren una interesante forma de retribución social que genera visibilidad de marca y beneficios para la comunidad mediante un atractivo esquema de estímulos fiscales. Para tal efecto debe haber un involucramiento responsable a través de inversión directa o del estímulo EFICINE 189.

Los incentivos del Estado representan el primer punto de contacto para los realizadores cinematográficos que requieren apoyo, pero ahora que las plataformas alternativas de crowdfunding (financiamiento público) han tomado significativa fuerza para la realización cinematográfica, para las organizadoras del ERCC resulta importante comenzar a construir una alternativa viable y efectiva para sostener los logros alcanzados y generar una industria lo suficientemente sólida como para ser autogestiva.

El ambicioso plan resalta la importancia de crear y diversificar productos y contenidos a partir de una perspectiva local y el potencial que se puede generar en el mercado interno de la región a través de la cooperación entre creadores de estados vecinos y una amplia gama de posibilidades de financiamiento, sean locales, federales o independientes. Iniciativas y programas como este se perciben como aun mas oportunos ante el importante recorte presupuestal que viene el año que entra para la producción fílmica. Ante retos globales, soluciones locales.

Fuente: http://www.forbes.com.mx/nadie-ve-cine-mexicano/#gs.null