Hoy recordamos a María Félix La Doña

Oaxaca Capital 08 April, 2017

“La Doña”

Como emblemática, icónica, de gran belleza y de carácter fuerte describen amigos, allegados y biografías a María de los Ángeles Félix Güereña, quien nació el 8 de abril de 1914 en Álamos, Sonora.

Hija de Bernardo Félix y Josefina Güereña –él, de sangre indígena y ella de padres españoles–, heredó una belleza singular que le otorgó porte y distinción, características con las que conquistó al público y a sus amores.

De grandes ojos azabache y mirada penetrante, cabello negro ondulado, labios carnosos y un cuerpo de diosa, María Félix viajó a principios de los años 40 a la Ciudad de México en donde con su espectacular porte llamó la atención del ingeniero Fernando Palacios –personaje que en su época estuvo muy ligado a la cuestión cinematográfica– quien la abordó e invitó para que realizara una prueba en el cine.

Su primer filme

En 1942, María bonita filmó su primera película al lado de Jorge Negrete, El peñón de las ánimas, dirigida por Miguel Zacarías, y en ella se narra la rivalidad existente entre los Valdivia y los Iturriaga, dos familias nobles que se disputan el dominio de una propiedad. En medio de este conflicto surge el amor entre dos jóvenes: Fernando Iturriaga (Jorge Negrete) y María Ángela Valdivia (María Félix).

Con una actuación imponente y entregada y una belleza que hechizaba, María Félix conquistó al público y a la élite de la cinematografía mexicana. Fue en ese momento que el cine mexicano la recibió en la cúspide de la que nunca se bajó.

Su personalidad

Como brava, reacia, mujer de poca paciencia… describen a La Doña documentos históricos archivados en hemerotecas de México e incontables biografías que se han realizado en torno a la figura de María Félix.

Se han escrito infinidad de páginas sobre su vida y se dijeron infinidad de cosas sobre ella, pero ninguna ha logrado retratar la verdadera esencia de esta diva que gustaba del buen arte, del gusto pomposo y afrancesado y de hacer las cosas “a su manera”.

A La Doña se le veía siempre con un cigarro en la boca y una ceja hacia arriba –gesto característico en ella– que escenificaba en su rostro la seducción y la imponente personalidad que poseía, con la que muchos fueron desairados, motivo por el que se le dio el adjetivo de “fiera”.

Personajes y escritores –como Carlos Monsiváis– la conocían como la “Hembra-con-corazón-de-hombre” y otros como el símbolo de belleza clásico.

Fue famosa por sus desplantes y por su manera de contestar. No dudaba en decir sin “peros y sin rodeos” lo que pensaba. Durante un congreso que se llevó a cabo en Madrid en 1997, “sin pelos en la lengua”, dijo que “los gobiernos no han cumplido, y el último Presidente que tuvimos –hablo del precedente (Carlos Salinas), no de éste (Ernesto Zedillo)– nos traicionó con corrupciones y nos traicionó con mentiras y nos traicionó con muchas cosas malas” .

Sus frases eran “políticamente incorrectas” y sus desplantes eran “políticamente incorrectos”, sin embargo, pisara donde pisara, “aquí y en China”, seguía siendo La Doña.

Coleccionista de porcelana francesa del siglo XVII, de plata mexicana, de tapetes y alfombras y de joyas grandes, brillosas y presuntuosas, María Félix daba cuenta de su personalidad pomposa y fastuosa.

Poseía un hermoso departamento en París adornado con muebles y objetos del siglo XVIII, en cuyas paredes descansaban grandes pinturas impresionistas, renacentistas, victorianas y realistas.

Amiga de reyes, aristócratas, artistas, pintores, escultores, poetas, filósofos, historiadores, políticos y gente de renombre mundial que la veían como una mujer de carácter fuerte que se abría paso por donde se lo propusiera, como Doña Bárbara –papel que hizo en película y terminó por fusionarse con la realidad– que reflejaba en su andar, en su hablar y en su mirar: no se dejaba de nadie ni de nada.

“No me gusta que me ayuden, puedo equivocarme sola”, dijo en alguna ocasión María Félix, quien fue –literalmente– toda una personalidad que inspiró a artistas, cantantes y hasta modistas y quien destacó por su talento pero también por su magnética personalidad.

Sus amores

Miles de hombres se pusieron a sus pies. Muchos no fueron correspondidos, para otros María Félix fue una fantasía que los acompañaba en sus sueños y los que intimaron con ella la amaron con locura y pasión.

Se casó en cuatro ocasiones, siempre con importantes figuras públicas como Enrique Álvarez, Agustín Lara, Jorge Negrete y Alex Berger, además de que mantuvo una relación durante 16 años con Antoine Tzapoff.

Uno de los polémicos factores que alimentó su popularidad fue su imparable negativa en la búsqueda del amor y la pasión debido a su fama de “devora-hombres”. Sin embargo, más allá del mito, La Doña era una mujer tímida, obsesiva, enjuta y atormentada, porque su principal culpa fue la del amor incestuoso, aquél que sentía por su hermano Pablo, como lo relata el escritor y periodista Sergio Almazán en la novela biográfica Acuérdate María.

“Ningún amor tiene el perfume del incesto”, contó en alguna ocasión María de los Ángeles Félix al historiador Enrique Krauze. Es así que Pablo, hermano de la diva –y quien se suicidó de un tiro en la sien durante su estancia en el Colegio Militar– fue el único amor no correspondido –revela Almazán– de María Félix y a quien sus padres recluyeron en ese colegio con el objetivo de evitar que la relación de los jóvenes siguiera avanzando.

En el libro de Sergio Almazán se puede leer: “El que estaba muerto era más que mi hermano (…) Habíamos compartido también una vida en secretos”, frase con la que inicia el personaje de María, y de acuerdo a éste, ese fue el hecho que hizo que el corazón de María Félix se convirtiera en piedra.

Un momento triste y trágico

Más allá del lujo y del mito que fue María Félix, de sus numerosos desplantes y de sus grandes papeles en el cine, La Doña también fue madre: tuvo un único hijo llamado Enrique Álvarez Félix –fruto de la relación con su primer esposo, Enrique Álvarez Alatorre– quien se desempeñó como actor y falleció en 1996 trágicamente de un ataque al corazón.

Este acontecimiento le rompió el corazón a La diva de México, quien en muchas entrevistas declaró que “son momentos crueles, duros y severos: yo estaré siempre contigo en la pieza de al lado”.

Muerte

María Félix murió mientras dormía el 8 de abril de 2002. En marzo de ese año ocurrió un fenómeno curioso, quizás presintiendo su inminente partida de este mundo: la televisión volvió a dirigir su mirada hacia La Doña, pues se lanzaron un par de documentales que dieron cuenta de sus triunfos, sus amores, sus inolvidables frases y su deslumbrante imagen.

En uno de ellos, María Félix aparece sola en medio de las penumbras, sentada en la sala de su casa de Cuernavaca. De sus labios surge un leve murmullo, como si estuviese platicando con sus recuerdos.

Esto se describe tal y como se aprecia en el video: el camarógrafo duda un instante en acercarse, temeroso de interrumpir un acto íntimo y sagrado. Cuando finalmente lo hace nos descubre a una María Félix ensimismada, cantando en voz baja el más bello de todos los homenajes que haya recibido jamás: “Acuérdate de Acapulco, de aquellas noches, María bonita, María del alma….”

FUENTE: VANGUARDIA