Las grietas en paredes de sótanos y garajes no siempre responden a un simple deterioro superficial. Al encontrarse en contacto directo o cercano con el terreno, estos espacios están expuestos a la humedad, la presión del suelo y los movimientos de la cimentación. Por esta razón, cualquier fisura que aparezca debe observarse con atención, especialmente cuando aumenta de tamaño, atraviesa el muro o va acompañada de filtraciones de agua.
Una de las causas más habituales es el movimiento del terreno sobre el que se apoya la construcción. Muchas veces este tipo de grietas ocurren por el asentamiento del edificio causado por el descenso o reajuste que puede experimentar una estructura cuando el suelo se compacta o pierde estabilidad. Este movimiento puede producir fisuras diagonales, escalonadas o verticales en los muros del sótano y del garaje.
Los asentamientos pueden aparecer por diferentes motivos: una compactación insuficiente del terreno, variaciones en su nivel de humedad, fugas en tuberías enterradas o periodos prolongados de sequía y lluvia. Cuando el movimiento no es uniforme, una parte de la construcción puede descender más que otra y generar tensiones en los cerramientos.
Otra posible causa es la presión lateral del terreno. Los muros de los sótanos soportan el empuje de la tierra que los rodea y, cuando existe una acumulación de agua por falta de drenaje, esa presión puede aumentar. En estos casos pueden aparecer grietas horizontales, abombamientos o desplazamientos que requieren una valoración profesional.
También son frecuentes las fisuras provocadas por la humedad. El agua puede penetrar a través de pequeños huecos, deteriorar los revestimientos y favorecer la corrosión de los elementos metálicos presentes en el muro. Reparar únicamente la superficie sin eliminar la filtración suele provocar que el problema reaparezca.
¿Cómo se reparan?
La solución depende del origen, la profundidad y la evolución de la grieta. Las fisuras superficiales y estables pueden sellarse con materiales flexibles o morteros específicos. Sin embargo, cuando existe movimiento estructural, primero es necesario estabilizar el terreno o la cimentación.
Una técnica utilizada en determinados casos consiste en inyectar resina expansiva en grietas o bajo la cimentación. Al expandirse, el material puede rellenar huecos, compactar el terreno y mejorar su capacidad de soporte. No obstante, su aplicación debe realizarse después de un estudio técnico, ya que no todas las grietas ni todos los tipos de suelo pueden tratarse de la misma manera.
Antes de reparar una grieta conviene fotografiarla, medir su anchura y comprobar si evoluciona. Las grietas anchas, las que aparecen de forma repentina o las que están acompañadas de deformaciones y filtraciones deben ser revisadas por un arquitecto, arquitecto técnico o especialista en cimentaciones. Actuar sobre la causa real, y no solo sobre el acabado visible, es esencial para evitar daños mayores.





